En el último mes se han realizado dos congresos, uno internacional en Riga, y otro nacional en Sevilla para debatir la estrategia a la hora de abordar uno de los problemas de hígado más frecuentes en el mundo occidental: la esteatohepatitis no alcohólica.

Se trata de una patología emergente que se relaciona principalmente con dos condiciones:

  • El estilo de vida actual que se caracteriza por el sedentarismo y por una dieta mal equilibrada, con frecuencia basada en “comida rapida”, rica en grasas y carbohidratos.
  • El aumento del síndrome metabólico que puede incluir los diagnósticos de diabetes, dislipemia, hipertensión, obesidad.

Los expertos están de acuerdo en que la presencia de esteatohepatitis no alcohólica, sobretodo en los estadios con mayor fibrosis hepática, se asocia a un peor pronóstico a largo plazo asociándose principalmente con un mayor riesgo de enfermedad y muerte de origen cardiovascular.

Congresos sobre esteatohepatitis no alcohólica

Por esto se hace imprescindible una correcta y completa evaluación diagnóstica. Al tratarse de una enfermedad “sin síntomas específicos” a pesar de su afectación multisistémica, es fundamental definir y establecer si merece y cuando merece la pena hacer intervenciones preventivas. Solo después de haber completado el diagnóstico se podrá definir la intervención terapéutica que necesita cada paciente.

Este mes además han sido publicadas en el Journal of Hepatology las guías aconsejadas por tres sociedades científicas europeas:

  • EASL (European Association for the Study of Liver)
  • EASD (European Association for the Study of Diabetes)
  • EASO (European Association for the Study of Obesity).

En breve serán publicadas las conclusiones de la conferencia de consenso celebrada en Sevilla.

Congresos sobre esteatohepatitis no alcohólica

En todos estos documentos se confirma que la pérdida de peso gracias a cambios en los hábitos de vida es la mejor opción para superar esta enfermedad y mejorar la fibrosis hepática secundaria. Los pacientes que consiguen una reducción del peso mayor al diez por ciento tienen una probabilidad muy alta (90%) de resolver la esteatohepatitis, mejorar la fibrosis (45%) y reducir los riesgos asociados con la enfermedad por hígado graso no alcohólico.